Que son el sexo débil decimos,
pero que equivocados estamos,
olvidamos que de una de ellas venimos
o a veces por las mismas lloramos.
Flores que engalanan el planeta
ángeles de origen terrenal,
heroínas reales y no de historieta,
que acompañan nuestra vida mortal.
Apotema entre gloria y pecado,
musas de tantos soñadores,
su huella en la historia han plasmado
destacándose entre tantos habladores.
Son el cóncavo y convexo
de nuestro diario vivir
no son tan solo sexo,
constituyen el motor que nos hace seguir.
No importa su complexión física,
lo que debemos ver es su corazón,
el sentir cuando con ella hacemos química,
para construir una bella relación.
No son objetos de los cuales podemos presumir,
están llenas de sentimientos y sensaciones,
los cuales debemos descubrir
y no burlarnos de sus emociones.
Claro esta hay sus excepciones,
algunas son el diablo encarnado,
pero existe una entre varios millones
y eso quizá ya lo has comprobado.
Guijarros de múltiples colores,
que cualquiera quisiera lucir en sus manos,
compartiendo un camino de mil amores,
sin ellas no existiéramos los humanos.
Mujeres, quien puede vivir sin ellas,
todas son dignas de admiración
constructoras de cosas bellas
materia prima del corazón.
Insignias de diferentes folklores
muchas veces devaluados,
por aquellos que se dicen conquistadores
y que tan solo son estigma de seres civilizados.
Madres, novias, esposas y amantes,
hermanas, tías o sobrinas,
afluente de amores constantes
que no dejan que el hombre se hunda en sus ruinas.


